Los call centers y las zonas francas —dos de los mayores motores de empleo del país— ya sienten el efecto de la automatización. Los datos muestran qué está en riesgo, qué oportunidades se abren y por qué la respuesta dominicana se juega en la formación de talento.
En los centros de contacto del país, la inteligencia artificial ya responde consultas, transcribe llamadas y redacta respuestas en segundos. Lo que durante dos décadas fue una de las mayores fábricas de empleo formal de la República Dominicana —puestos en inglés, de oficina, al alcance de jóvenes sin título universitario— se ha vuelto uno de los sectores más expuestos a la automatización. Medios como El Día y El Nacional ya reportan una caída en la demanda de agentes a medida que las empresas adoptan estas herramientas.
No es una alarma futurista, sino el primer capítulo —en clave dominicana— de una transformación que el BID, el Banco Mundial y la CEPAL llevan meses midiendo. La pregunta dejó de ser si la inteligencia artificial cambiará el empleo en el país; es qué tan preparada está la República Dominicana para un cambio que ya está en marcha.
Cuántos empleos están realmente en juego
El termómetro más claro es el sector de zonas francas, donde operan buena parte de los centros de contacto y de los servicios que el país exporta. En octubre de 2025 alcanzó un récord histórico de 200,134 empleos directos, según datos oficiales del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) y la Presidencia: un 67 % más que en el punto más bajo de la pandemia, en 2020. Dentro de ese total, el subsector de servicios —que incluye los call centers y el BPO— sumaba 45,460 puestos, un 6 % más que un año antes.
El empleo, entonces, todavía crece. Pero crece en actividades cuya materia prima —atención telefónica, tareas administrativas, procesamiento de datos— es justo la que la inteligencia artificial automatiza con mayor facilidad. Ahí está la tensión que definirá la próxima década.
Las proyecciones regionales ayudan a dimensionarla. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), unos 84 millones de empleos están expuestos a la IA en América Latina, con una exposición que pasa del 28 % en un año al 44 % en diez. El grupo de mayor riesgo, señala el organismo, es el de tareas de administración y oficina. Pero el propio BID insiste en un matiz decisivo: exposición no es lo mismo que reemplazo. Solo una fracción de esos empleos enfrenta un riesgo real de automatización total; en la mayoría, la IA transforma la tarea sin eliminar al trabajador.
Qué tareas están en riesgo y cuáles no
En la mira: lo repetitivo y guionizado
Los empleos más vulnerables son los que se apoyan en tareas rutinarias y predecibles: atención telefónica con guion, entrada de datos, control de calidad repetitivo, gestión administrativa básica. Es el tipo de función que abunda en los call centers y en algunos segmentos de la manufactura de zonas francas.
Más seguros: criterio, supervisión y trato humano
En el otro extremo están las funciones que la IA todavía no resuelve sola: las que exigen criterio, empatía, negociación, resolución de problemas complejos y, cada vez más, la supervisión de los propios sistemas automatizados. Son tareas humanas que la tecnología acompaña, pero no sustituye.
Cómo está respondiendo la propia industria
Las empresas dominicanas no esperan de brazos cruzados. En los centros de contacto, el planteamiento ya no es «agentes contra máquinas», sino un modelo de «humano en el circuito» (human-in-the-loop): el agente gestiona los casos sensibles mientras un «copiloto» de IA busca datos y documenta las llamadas. En la manufactura, las zonas francas hablan abiertamente de Industria 4.0 y 5.0; Miguel Lama Rodríguez, presidente del Consejo Directivo de la Corporación de Zona Franca de Santiago, ha reafirmado el compromiso del sector con esos modelos.
El mensaje de fondo es coherente: el empleo no se evapora de un día para otro, pero las competencias que se exigen cambian a gran velocidad. El Foro Económico Mundial, en su Future of Jobs Report 2025, proyecta a escala global la creación de 170 millones de empleos y el desplazamiento de 92 millones de aquí a 2030 —un saldo neto positivo— con una condición incómoda: el 39 % de las habilidades clave cambiará en ese período.
Dónde está República Dominicana frente a la región
El país no parte de cero. En 2023 lanzó su Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA), una de las primeras de Centroamérica y el Caribe, y más tarde creó un Comité Técnico de Normalización en IA alineado con estándares ISO/IEC. El problema, advierten medios como Acento y el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2025, es la ejecución: retrasos, recursos limitados y débil coordinación institucional.
El contraste con los vecinos es útil. Costa Rica publicó su Estrategia Nacional de IA 2024-2027, centrada en la formación de talento, con programas de reconversión que en 2025 ayudaron a más de 11,500 personas a insertarse en el mercado laboral y a otras 10,300 a fortalecer competencias técnicas y digitales. Colombia aprobó en 2025 su Política Nacional de Inteligencia Artificial (CONPES 4144), con más de un centenar de acciones a 2030 y financiamiento público para talento, investigación e infraestructura. Panamá, algo más rezagada, lanzó una iniciativa interinstitucional para vincular IA y empleo.
La lección regional es clara: casi todos los países tienen ya una estrategia sobre el papel. La diferencia competitiva no la marca tenerla, sino ejecutarla. Y ese es, precisamente, el examen pendiente de la República Dominicana.
La otra cara: la IA también abre oportunidades
Reducir el debate a la pérdida de empleos sería contar media historia. La misma tecnología que automatiza tareas multiplica la productividad de quien sabe usarla: la OCDE ha documentado mejoras de desempeño de entre el 20 % y el 40 % en tareas concretas con IA generativa, y el Banco Mundial estima que entre el 8 % y el 12 % de los empleos de la región podrían volverse más productivos con estas herramientas.
Para un país pequeño, el cambio más profundo es otro: la IA, sumada al trabajo remoto, derriba la barrera geográfica. Los servicios digitales —software, diseño, consultoría, soporte, contenido— ya superan, según la UNCTAD, la mitad de las exportaciones mundiales de servicios, y pueden producirse desde Santo Domingo, Santiago o un pueblo del Cibao. No por casualidad el país aprobó un Plan de Atracción de Inversión en TIC 2026-2036 que apuesta por convertirse en hub regional de servicios digitales —semiconductores, software, healthtech y BPO de mayor valor— con la meta de atraer al menos 15 multinacionales tecnológicas y generar 5,000 empleos especializados.
¿Quién ganará realmente con la IA?
La automatización elimina tareas, pero al mismo tiempo dispara la demanda de perfiles que antes eran de nicho. La economía de la IA necesita —y paga bien por— analistas de datos, programadores, diseñadores, ingenieros, vendedores especializados, científicos de datos, creadores de contenido y expertos en automatización. Son trabajos que no existían a esta escala hace una década y que hoy escasean en todo el mundo.
La pregunta decisiva, entonces, no es cuántos empleos destruye la IA, sino quién se queda con los que crea. Y la respuesta depende casi por completo de la formación: los países que preparen a su gente capturarán el valor económico de la inteligencia artificial; los que no, se limitarán a consumir —y a pagar por— la tecnología que otros construyen. Quien quiera profundizar en esta idea encontrará una lectura complementaria valiosa en el ensayo Inteligencia artificial y poder: por qué el capital humano decidirá el futuro de la República Dominicana, que analiza con detalle por qué el talento, y no la tecnología, será el factor que separe a las naciones.
Cinco habilidades que todo trabajador dominicano debería desarrollar desde hoy para prepararse para la IA
- Saber dirigir la IA, no competir con ella. Aprender a usar asistentes de IA generativa para redactar, resumir, analizar o programar. La ventaja no la tendrá quien evite la herramienta, sino quien sepa darle instrucciones claras y revisar su resultado con criterio.
- Inglés y comunicación escrita. El dominio del inglés —la histórica ventaja del trabajador dominicano de BPO— sigue siendo la puerta al mercado global de servicios remotos. Combinado con buena redacción, multiplica las oportunidades de exportar trabajo sin salir del país.
- Lectura y análisis de datos. Saber interpretar y presentar datos en hojas de cálculo o tableros es hoy una competencia transversal: aparece en casi todos los empleos que la IA hace crecer, desde marketing hasta logística.
- Pensamiento crítico. La IA produce errores con apariencia de autoridad. Distinguir una respuesta correcta de una que solo «suena bien» se vuelve una habilidad económica, no solo intelectual.
- Aprender a aprender. Con el 39 % de las habilidades clave cambiando hacia 2030, la competencia más valiosa es la capacidad de reciclarse de forma continua. La oferta pública existe y es gratuita o de bajo costo: ITLA, INFOTEP y las becas STEM del MESCYT son el punto de partida más accesible.
Preguntas frecuentes
¿La inteligencia artificial va a eliminar los empleos de call center en República Dominicana?
Transformará muchos más de los que eliminará. Las tareas repetitivas y guionizadas son las más expuestas, pero crecen los roles que combinan tecnología con criterio, supervisión y trato humano. El riesgo real no es quedarse sin trabajos, sino no estar preparado para los nuevos.
¿Cuántas personas trabajan en zonas francas y servicios en el país?
En octubre de 2025, las zonas francas alcanzaron un récord de 200,134 empleos directos, según el MICM; de ellos, unos 45,460 corresponden al subsector de servicios, que incluye los call centers y el BPO.
¿Qué empleos son más seguros frente a la IA?
Los que exigen criterio, empatía, creatividad, resolución de problemas complejos y supervisión de los propios sistemas de IA. También crece la demanda de analistas, programadores, ingenieros y especialistas en datos y automatización.
¿Qué está haciendo el Estado dominicano?
La República Dominicana cuenta desde 2023 con una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA) y un Comité Técnico de Normalización en IA, además de programas de formación del ITLA, el INFOTEP y el MESCYT. Organismos y medios han señalado, sin embargo, retrasos en su ejecución frente a vecinos como Costa Rica y Colombia.
¿Cómo puedo prepararme para el futuro del trabajo con IA?
Aprendiendo a usar las herramientas de IA, sumando competencias digitales y de análisis, aprovechando la formación técnica disponible y orientándose hacia servicios de mayor valor que puedan exportarse de forma remota.
Conclusión
La inteligencia artificial ya no es una conversación sobre el futuro: es una conversación sobre la competitividad de la República Dominicana en la próxima década. La tecnología será la misma para todos —la comprará igual un call center en Santo Domingo que uno en Manila—. La diferencia la marcará lo que ningún proveedor vende: una fuerza laboral preparada.
Al final, la gran competencia de este siglo no será entre humanos y máquinas, sino entre los países que formen el talento capaz de gobernar la IA y los que se resignen a consumir la tecnología que otros construyen. De qué lado quede la República Dominicana no lo decidirá la inteligencia artificial. Lo decidiremos nosotros. (Ver también: el debate sobre la Ley de Activos Digitales en República Dominicana.)





