El debate sobre la regulación de los activos digitales en Estados Unidos se intensificó tras las críticas de Charles Hoskinson hacia la denominada Clarity Act. El fundador de Cardano aseguró que la iniciativa presenta problemas de fondo, concluyendo de forma tajante que «un mal proyecto de ley es peor que no tener ninguno».
Su postura se fundamenta en que una legislación sólida requiere de un consenso técnico con quienes construyen la tecnología, proceso que, según denunció, no se cumplió en esta propuesta.
Esta visión genera un contrapunto directo con referentes como Brad Garlinghouse, CEO de Ripple, quien sostiene que «la claridad es mejor que el caos» y prefiere una ley imperfecta a la falta de reglas. Sin embargo, Hoskinson señala que la Clarity Act pretende otorgar la supervisión a la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas (CFTC) sin asignarle el presupuesto ni las capacidades técnicas necesarias. Según el experto, esto generaría inconsistencias que podrían ser moldeadas arbitrariamente por futuras administraciones políticas.
Uno de los puntos más conflictivos del proyecto es la clasificación de los activos. La ley intenta encuadrar a las stablecoins con rendimiento como materias primas, una categoría que Hoskinson considera inadecuada para su naturaleza financiera. El empresario aboga por la creación de una nueva categoría legal diseñada específicamente para las monedas digitales en lugar de forzarlas en estructuras obsoletas.
Finalmente, Hoskinson advirtió que la ambigüedad actual ha permitido a la industria defenderse en tribunales, un margen que se perdería con una ley mal redactada. Mientras el ecosistema de bitcoin y otros activos digitales aguarda definiciones, el experto insiste en que el problema no es la necesidad de regular, sino la falta de una base técnica que proteja la innovación de errores legislativos permanentes.














