Las remesas batieron récord en 2025 y son uno de los pilares de la economía dominicana. Las stablecoins —dólares digitales que viajan por internet en minutos y por centavos— podrían cambiar para siempre la forma en que ese dinero llega a casa.

En 2025, los dominicanos en el exterior enviaron a su país un récord de US$11,866.3 millones en remesas, un 10,3 % más que el año anterior y cerca del 9 % del PIB. Más del 80 % salió de Estados Unidos. Pero a partir del 1 de enero de 2026 entró en vigor un impuesto del 1 % a las remesas enviadas en efectivo desde EE. UU. —que exime los envíos desde cuentas bancarias y plataformas digitales—. Justo ahí, en el canal digital, es donde las stablecoins empiezan a tener sentido.

Qué son las stablecoins

Una stablecoin es una criptomoneda diseñada para mantener un valor estable, casi siempre anclado 1 a 1 al dólar estadounidense. A diferencia de Bitcoin, cuyo precio sube y baja, una stablecoin busca valer siempre un dólar. Combina lo mejor de dos mundos: la estabilidad del dólar y la velocidad de una red blockchain, por la que se puede enviar a cualquier parte del planeta en minutos, las 24 horas, sin pasar por el horario ni las comisiones de la banca tradicional. En América Latina su uso ya es masivo: superó los 324.000 millones de dólares en 2026.

USDT y USDC: en qué se diferencian

Dos stablecoins dominan el mercado. USDT (Tether) es la más usada y líquida del mundo, especialmente en mercados emergentes; su crítica histórica ha sido la transparencia de sus reservas. USDC (Circle) es percibida como más regulada y transparente, con auditorías frecuentes y respaldo en efectivo y bonos del Tesoro de EE. UU. Para el usuario que envía remesas, la diferencia práctica está en dónde puede convertirla a pesos con facilidad: USDT suele tener más liquidez local, mientras USDC ofrece mayor tranquilidad regulatoria.

Billetes de dólar estadounidense
Las stablecoins son, en esencia, dólares digitales. Foto: Confederate States of America. / Wikimedia Commons (Public domain).

Cómo pueden abaratar las remesas

Aquí está el verdadero golpe. Según el Banco Mundial, enviar dinero a la región cuesta en promedio alrededor del 6 % del monto, y a veces más. Sobre los casi 12.000 millones que recibe la República Dominicana, cada punto porcentual representa más de 100 millones de dólares al año que se quedan en comisiones. Una transferencia con stablecoins puede costar una fracción de eso —en muchos casos menos del 1 %— y llegar en minutos en lugar de días. El familiar en Nueva York compra dólares digitales, los envía al teléfono de su madre en Santiago, y ella los convierte a pesos en un cajero, una billetera o una plataforma local como las que ya operan en el ecosistema de remesas dominicano.

Casos de uso, más allá de enviar dinero

Las stablecoins no solo abaratan el envío. Permiten ahorrar en dólares sin una cuenta bancaria en el exterior, una tabla de salvación frente a la devaluación del peso; sirven para pagar a proveedores o freelancers en el extranjero sin fricción; y abren la puerta a la inclusión financiera de quienes no tienen acceso al sistema bancario tradicional pero sí un teléfono. Para una economía con tanta diáspora y tanto turismo como la dominicana, son una infraestructura de pagos natural.

Los riesgos que no hay que ignorar

No todo es ventaja. El primer riesgo es la pérdida del anclaje (un depeg): si una stablecoin deja de valer un dólar, el usuario pierde. El segundo es la calidad de las reservas: una stablecoin solo es tan sólida como los activos que la respaldan, de ahí la importancia de la transparencia. El tercero es regulatorio: en la República Dominicana aún no existe un marco específico para activos digitales, lo que deja a los usuarios en una zona gris y exige cautela con plataformas no reguladas. Y, como toda herramienta financiera, exige educación para evitar estafas.

Qué significa para República Dominicana

El país reúne las condiciones perfectas para que las stablecoins despeguen en las remesas: un volumen enorme y creciente, una diáspora muy conectada con Estados Unidos y un nuevo impuesto que, sin querer, premia el canal digital. El Banco Central proyecta que las remesas superarán los 12.200 millones de dólares en 2026. Si una porción creciente migra a rieles digitales más baratos, el ahorro para las familias sería de cientos de millones. El reto, una vez más, es el marco legal: la conversación sobre stablecoins se cruza con la de la moneda digital del Banco Central (CBDC) y la tokenización de activos, tres piezas del mismo rompecabezas financiero. La pregunta no es si el dinero digital llegará a las remesas dominicanas, sino quién pondrá las reglas.

Preguntas frecuentes

¿Qué es una stablecoin?

Una criptomoneda diseñada para mantener un valor estable, normalmente anclado 1 a 1 al dólar estadounidense. Permite enviar el equivalente a dólares por internet en minutos y con bajas comisiones.

¿Cuál es la diferencia entre USDT y USDC?

USDT (Tether) es la más usada y líquida, sobre todo en mercados emergentes; USDC (Circle) es percibida como más regulada y transparente. Ambas buscan valer un dólar.

¿Las stablecoins abaratan las remesas a República Dominicana?

Pueden hacerlo. Frente a un costo promedio de envío cercano al 6 %, una transferencia con stablecoins puede costar menos del 1 % y llegar en minutos, aunque requiere convertirla a pesos en una plataforma local.

¿Es legal usar stablecoins en República Dominicana?

No existe aún un marco específico de activos digitales. Su uso no está prohibido, pero opera en una zona gris regulatoria que exige cautela y plataformas confiables.

¿Cuál es el principal riesgo?

Que la stablecoin pierda su anclaje al dólar o que sus reservas no sean sólidas. Por eso importa la transparencia del emisor y usar plataformas serias.

Conclusión

Las remesas son el oxígeno de cientos de miles de hogares dominicanos, y hoy una buena parte de su valor se pierde en comisiones. Las stablecoins ofrecen una vía para que llegue más dinero, más rápido y más barato. La tecnología ya está lista; lo que falta es un marco que proteja al usuario sin asfixiar la innovación. Mientras tanto, conviene entenderlas: son, junto con el peso digital y la tokenización, una de las fuerzas que están redibujando el dinero en la República Dominicana.

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